Sobre el artista
Roger Coll (Badalona, 1979) pertenece a una nueva generación de artistas que replantean la cerámica radicalmente, sin restricciones, rompiendo con las categorías y jerarquías tradicionales entre arte y artesanía. Nacido en Badalona, cerca de Barcelona, desarrolló una práctica en la que la investigación material y la libertad conceptual van de la mano.
Para Coll, la cerámica no es un medio decorativo, sino un campo experimental. Cuestiona los límites entre escultura, objeto y fragmento arquitectónico. Sus obras a veces se asemejan a hallazgos arqueológicos de un futuro desconocido: pieles rugosas, superficies agrietadas, volúmenes distorsionados que parecen a la vez vulnerables y poderosos. Abraza la naturaleza impredecible de la arcilla —contracción, agrietamiento, decoloración— y convierte el azar en un coprotagonista del proceso creativo.
Su obra se caracteriza por una presencia física distintiva. Las obras se comunican a través de la textura y la masa; nos invitan a mirar y sentir. Coll experimenta con esmaltes, óxidos y técnicas de cocción, otorgando a cada pieza una estratificación única, casi geológica. La superficie se convierte en paisaje, el objeto en portador del tiempo.
Al mismo tiempo, se posiciona conscientemente fuera del canon cerámico tradicional. Rompe con los orígenes funcionales del medio y lo transforma en un lenguaje escultórico autónomo. En este sentido, su obra se conecta con las tendencias contemporáneas que priorizan el material, el proceso y la imperfección.
Roger Coll representa así a una generación que ya no ve la cerámica como una disciplina con reglas fijas, sino como un campo abierto: un espacio para la experimentación, la intuición y la redefinición.






















































